Viajar, estudiar, cambiar de profesión: más dinero amplía experiencias reales.

Eso no resuelve necesariamente «¿qué quiero?». Muchas opciones incluso muestran con más claridad el precio de renunciar.

Una dirección no se elige como el mejor producto de una lista. Aparece al comprobar qué queremos continuar pese a su coste.

Deja que el dinero financie pequeños ensayos y la posibilidad de abandonar. Lo aprendido no puede decidirlo por nosotros.

Coleccionar opciones puede convertirse en una manera de no decidir nunca. Cada puerta abierta cuesta tiempo y atención. A menudo la dirección empieza al cerrar algunas y responder por la experiencia que hemos elegido.