Todo trabajo profundo necesita tiempo. Cambiar al primer fracaso impide que la experiencia gane espesor y que conozcamos lo que hay tras la dificultad.
Pero convertir la persistencia en virtud absoluta deja que una decisión antigua ocupe el presente aunque el mundo y la persona hayan cambiado.
Debemos separar el centro de su forma. Un valor puede permanecer mientras cambian el oficio, el ritmo, los compañeros o la manera de compartirlo.
Conviene preguntar periódicamente: ¿dudo por la dificultad o ha cambiado la dirección?, ¿otra forma haría vivir mejor lo esencial?
Crecer no es volverse irrompible ni seguir cada corriente. Es tener estabilidad para construir y apertura para aprender de lo que sucede.