Un método antiguo acumula historia: trabajar solo, madrugar, permanecer en una organización. Modificarlo puede parecer falta de voluntad.

Pero el método es una forma al servicio de lo importante. Si las condiciones cambian y la forma destruye su finalidad, la fidelidad exige cambiar.

Escribir con menos frecuencia para poder seguir escribiendo o pedir ayuda para seguir cuidando puede parecer retroceso y, aun así, proteger el compromiso.

También sabemos dar razones bellas a la huida. Antes de cambiar, debemos precisar qué salvamos, qué perdemos y cómo probaremos la nueva forma.

Ser fiel a uno mismo no es obedecer un procedimiento antiguo. Es mantener viva la razón y encontrar para ella una forma capaz de responder al presente.