Un fracaso hace que toda la dirección parezca errónea. El resultado se convierte en juicio no solo sobre nuestro nivel, sino sobre nuestro derecho a desear.
Sin embargo, «todavía no puedo» y «este camino no es mío» son frases distintas. La práctica, el entorno y la colaboración cambian las capacidades.
El deseo tampoco garantiza que todo sea posible. Hay que mirar con honestidad el nivel necesario, el tiempo disponible y las condiciones del cuerpo y la vida.
Un periodo de prueba, otro método y opiniones fiables permiten observar tanto el avance como su precio.
Confiar en uno mismo no es prometer el éxito. Es tratar el fracaso como información y no confundir el valor personal con la capacidad presente.