Tras años de estudio, un título y una red de relaciones, marcharse parece tirar el pasado. Cuanto mayor la inversión, más parece exigir la continuación.

Pero seguir no devuelve una sola hora gastada. La pregunta es si hoy queda una razón para entregar también el próximo año a ese camino.

Salir no borra la experiencia. Las capacidades, las relaciones y el juicio adquirido pueden actuar en otro lugar de maneras imprevistas.

Conviene distinguir una temporada de agotamiento de una discordancia duradera: descansar, modificar condiciones y mirar la realidad del oficio.

El pasado explica cómo llegamos, pero no posee el futuro. Continuar necesita una razón presente, no solo miedo a que lo anterior haya sido inútil.