En una casa donde «ya no se habla de eso», empiezan los retrasos, las tareas olvidadas y una calma hostil.
Un problema sin palabras puede hablar mediante conductas, aunque no debamos atribuir intención a cada gesto.
Comparar el inicio de esas fricciones con el momento en que se prohibió el tema ayuda a recuperar el hilo.
Para retomarlo, conviene empezar por lo que hoy pesa en la vida y no por repetir el antiguo juicio.
El silencio no demuestra solución; puede indicar que el problema se quedó sin un lugar donde ser dicho.