«Explícalo con calma» suele ser buen consejo, pero se vuelve peligroso cuando cada confidencia aumenta la vigilancia.
Una conversación no es buena por sí misma; vale cuando quien habla conserva capacidad de actuar después.
Avisar a alguien, guardar pruebas y conocer una ayuda o un refugio no supone fracasar en el diálogo.
La primera pregunta es si estaré a salvo después de decir que no; la calidad del argumento viene luego.
Nadie debe demostrar valentía quedándose en peligro. Tomar distancia puede ser la respuesta más clara.