El palacio brilla; los campos están vacíos
Texto chino del capítulo
Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario
使我介然有知也,行于大道,唯施是畏。大道甚夷,民甚好解。朝甚除,田甚芜,仓甚虚;服文采,带利剑,厌食而财货有余,是谓盗夸,盗夸非道也。
Sobre el texto y la puntuación
El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.
Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)
I. Un ladrón al que se le abre la puerta
Cuando imaginamos un robo, solemos buscar una puerta forzada y algo que falta. El capítulo 53 del Daodejing propone una escena más incómoda: una persona entra por la puerta principal, ocupa el lugar de honor y recibe el trato debido a su cargo. Lo que falta está en otra parte.
En los campos no se cultiva. En los almacenes no queda grano. Sin embargo, quienes deberían cuidar las condiciones de la vida común disponen de ropa espléndida, armas y comida abundante. Su bienestar no parece sufrir la misma escasez que el mundo confiado a su responsabilidad.
La acusación del capítulo no se dirige contra alguien simplemente porque viva bien. Señala una relación: recursos apropiados por quienes ejercen el poder, mientras quedan incumplidas las obligaciones que justifican su posición. La buena apariencia no responde por sí sola a la pregunta de dónde salen sus privilegios.
Por eso este ladrón resulta difícil de reconocer. No siempre tiene que ocultarse. Puede hacer que la ceremonia de recibirlo parezca una prueba de que todo le pertenece legítimamente.
II. La cautela que debería acompañar al poder
El comienzo es deliberadamente modesto: «使我介然有知也,行于大道,唯施是畏». Si tuviera un poco de conocimiento y caminara por la gran vía, habría algo que temer. En esta lectura, 施 lleva a pensar en la intervención que impone a los demás la voluntad de quien manda.
La inquietud merece colocarse antes de la denuncia. No basta con reconocer el abuso ajeno; quien adquiere capacidad de decidir necesita advertir el placer de ejercerla. En una reunión puede ocurrir de manera pequeña: el equipo ha encontrado un método razonable, pero el responsable cambia detalles para que quede claro quién dirige.
Una orden puede ser necesaria. Cuando hay un riesgo, una prioridad confusa o responsabilidades mal repartidas, explicar con precisión forma parte del trabajo. El problema comienza cuando la intervención sirve principalmente para hacer visible al que interviene. Todos tienen que reorganizarse, aunque nada importante haya mejorado.
El capítulo 49 hablaba de apoyar sin sustituir. Un padre que enseña, una profesora que establece un criterio y un jefe que desbloquea recursos están haciendo algo valioso. El límite no separa hablar de callar. Separa ayudar a que otros actúen de exigir que toda acción lleve nuestra firma.
III. La comodidad de recibir una respuesta terminada
«大道甚夷,民甚好解.» La gran vía es llana; en el texto adoptado aparece 好解. Desde esta elección, me interesa explorar la atracción de lo explicable y de las respuestas listas para usar. El difundido 好径, preferir senderos laterales, ofrece otra imagen con sentido propio. La primera no demuestra que las personas rechacen por naturaleza pensar o crecer.
Lo reconocible es una tentación compartida. Quien aprende quiere saber enseguida cuál es la respuesta correcta. Quien enseña puede disfrutar siendo la persona que siempre la tiene. Si ambos se acostumbran a ese intercambio, cada dificultad nueva termina en el mismo lugar: uno espera, el otro decide.
Hay momentos en que dar la respuesta es lo indicado. Nadie tiene que redescubrir por su cuenta una norma de seguridad. Pero también hay cuestiones en las que conviene explicar el criterio, ofrecer información y permitir una elección razonada. Una enseñanza puede resolver el problema de hoy y aumentar la capacidad de enfrentar el de mañana.
La vía llana no tiene por qué parecer extraordinaria. Preparar condiciones, escuchar y revisar requiere menos espectáculo que anunciar una solución total. Precisamente por eso puede pasar inadvertida. No confundamos la falta de espectáculo con la falta de trabajo, ni la contundencia de una respuesta con el cuidado que merece la pregunta.
IV. Lo que se cuida y lo que se abandona
La escena central no es borrosa: «朝甚除,田甚芜,仓甚虚». El palacio muy cuidado, los campos muy abandonados, los graneros muy vacíos. Wang Bi interpreta 除 como limpio y bien dispuesto. La crítica al abandono de las obligaciones surge del contraste entre esos lugares, no de hacer que 除 signifique por sí mismo «dejar de trabajar».
Alguien ha trabajado en el palacio. Hay manos que lo han limpiado y recursos que lo mantienen. La pregunta es por qué esa atención no alcanza aquello de lo que depende la gente. No falta toda actividad: está distribuida de una manera que favorece la fachada del poder mientras descuida su responsabilidad.
Imaginemos una organización que inaugura una recepción magnífica y no reemplaza las herramientas con las que trabaja su personal. Las fotografías de la apertura muestran inversión. Las tareas cotidianas muestran en qué no se invirtió. Para comprender la situación hacen falta ambos lugares, no solo el recorrido previsto para las visitas.
Aquí se aclara la diferencia entre dar espacio y abandonar. Una responsable puede dejar de revisar cada movimiento porque ha facilitado información, medios y ayuda. También puede desaparecer mientras otros afrontan problemas que ella tenía que resolver. Desde lejos ambas parecen intervenir poco. Desde el puesto de quien trabaja, son experiencias opuestas.
V. Ropa fina, una espada y comida de sobra
«服文采,带利剑,厌食而财货有余.» Vestiduras ornamentadas, una espada afilada, saciedad y bienes sobrantes. La descripción desplaza nuestra mirada de las dependencias públicas al cuerpo de quienes gobiernan. Los recursos que no encontrábamos en el granero reaparecen como abundancia privada.
La espada hace visible una capacidad de coerción. El verso no narra una represión concreta, pero añade una pregunta al lujo: ¿con qué respaldo se conserva esta diferencia?, ¿quién puede cuestionarla y con qué riesgo?
No basta con contar objetos caros para demostrar apropiación. Un salario elevado puede remunerar trabajo real; descansar no es robar, y una limitación física no convierte a nadie en irresponsable. La acusación requiere relacionar beneficios, decisiones y deberes incumplidos. De otro modo sustituiríamos la crítica del abuso por una vigilancia de quién parece suficientemente ocupado.
Lo escandaloso en el cuadro es la convivencia de las dos mitades. El poder se sirve primero y presenta como inevitable la escasez de los demás. Mientras pide paciencia, no posterga sus propios banquetes. La crítica conserva toda su fuerza cuando se formula con precisión: no contra el bienestar, sino contra un bienestar obtenido desviando lo confiado al cuidado común.
VI. Robar desde una posición legítima
«是谓盗夸,盗夸非道也.» Las interpretaciones de 盗夸 varían: grandes ladrones, ladrones ostentosos, una apropiación que además se exhibe. No hace falta fijar 夸 en un único significado para percibir la violencia moral de la expresión.
Una posición de responsabilidad da acceso a bienes que no se entregan para cualquier uso. Permite aprobar presupuestos, distribuir oportunidades, decidir qué trabajo se reconoce. Si se utiliza para capturar esos beneficios mientras se abandona su finalidad, el daño alcanza algo más que una cantidad de dinero: deteriora las condiciones bajo las cuales los demás pueden trabajar y vivir.
En una empresa, puede ocurrir cuando alguien atribuye a su nombre resultados ajenos y bloquea los recursos necesarios para seguir produciéndolos. En una institución pública, cuando la conservación del privilegio desplaza la atención de las necesidades a las que debía responder. Para juzgar cada caso hay que reconstruir lo ocurrido, no convertir una sospecha en veredicto.
El capítulo 51 permite ver el contraste. Allí se daba sin comprar el mando sobre otra vida. Aquí se retienen las ventajas de una posición sin entregar el cuidado que las justifica. Una dirección sostiene y deja crecer; la otra exige sostén para sí y llama orden a esa exigencia.
La crítica política no desaparece por admitir matices. Se vuelve más difícil de esquivar. Ya no basta mostrar una agenda llena: hay que explicar qué vidas están siendo atendidas por todo ese movimiento.
VII. Dos espejos y una pregunta concreta
El primer espejo mira hacia fuera. En la organización que conocemos, ¿qué responsabilidad acompaña a cada privilegio? ¿Quién recibe los recursos y quién carga con las consecuencias de no recibirlos? Conviene buscar decisiones, distribuciones y resultados, además de escuchar a quienes rara vez participan en la presentación oficial.
La respuesta puede exigir controles, una explicación pública o una corrección del reparto. La buena voluntad de una persona no sustituye los procedimientos que permiten pedir cuentas. Tampoco hace falta haber ocupado su cargo para preguntar por el destino de aquello que se le confió.
El segundo espejo es más cercano. Como responsable de un equipo, ¿llamo autonomía a no estar disponible cuando hace falta? Como docente, ¿he dado los medios que exige la tarea? Como padre o madre, ¿pido deferencia por una función cuyo trabajo estoy dejando a otros? Estas preguntas no nos convierten automáticamente en los ladrones del capítulo. Nos permiten reconocer una dirección antes de acostumbrarnos a ella.
Podemos empezar por una responsabilidad concreta: algo que nos corresponde aclarar, reparar o compartir y que llevamos tiempo aplazando mientras seguimos recibiendo las ventajas del puesto. Cumplirla quizá no produzca una imagen brillante. Puede producir algo más importante: que otras personas dejen de pagar por nuestra omisión.
Volvamos al palacio. La puerta está limpia, la ropa es espléndida, la recepción funciona. No hace falta negar lo que vemos. Hace falta continuar la visita hasta los campos y los graneros. Un cargo no se justifica por lo bien que luce quien lo ocupa, sino por lo que ocurre en los lugares que tenía la responsabilidad de cuidar.
Comentario completo en el sexto ensayo y en Zenodo. Ensayos anteriores: I, II, III, IV, V.