El grupo de Confucio encuentra a personas retiradas de la política. Se burlan del intento de salvar un orden podrido y recomiendan apartarse. Confucio responde que no puede vivir con aves y animales: debe compartir el mundo de los seres humanos.
No hace falta proclamar un vencedor. Los ermitaños protegen el límite que les impide servir a un poder corrupto; Confucio protege su obligación de no abandonar el mundo humano aunque el éxito sea improbable. Dos orientaciones propias exigen acciones incompatibles.
El libro no elimina la voz de los ermitaños ni siquiera su ironía. Participar no agota la responsabilidad; retirarse no agota la pureza. Cada cual debe cargar con el precio de su camino y dejar sitio a quien no puede recorrer honestamente el mismo.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.