Cumplir cada palabra y llevar toda acción hasta el final parece honorable. Confucio desconfía del «siempre»: también un hombre rígido puede ejecutar mecánicamente una promesa. El problema no es la confianza, sino la imagen de uno mismo como persona que nunca cambia.
Las circunstancias cambian o una promesa revela un daño imprevisto. Persistir permite entonces salvar la cara. Rectificar obligaría a reconocer el error, explicar las razones y asumir un coste. La consistencia abstracta se convierte en huida de la responsabilidad concreta.
La confianza necesita continuidad y también la capacidad de revisar a qué debemos ser fieles. Quien cambia su palabra, da razones y asume las consecuencias puede honrar una promesa más profundamente que quien jamás se mueve.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.