Los discípulos describen a Confucio mediante cuatro ausencias: no coloca una conjetura, no la convierte en necesidad, no se aferra a ella y no hace del yo la medida. Más que una lista de virtudes, es una secuencia de cierres que conviene interrumpir.

Primero llenamos lo desconocido con una idea; luego declaramos que debe ser así. Si el mundo se resiste, nos endurecemos; por último, todo lo diferente se vuelve error porque ocupamos el centro. Los cuatro no mantienen abierto el marco hasta que la persona reaparece.

La ausencia de yo no exige borrar personalidad o convicciones. Sólo impide moldear a otro con la perspectiva propia. Confucio actúa constantemente. Sus rechazos no bloquean la acción, sino el cierre prematuro que suele ocurrir antes de ella.

Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.