Confucio vuelve de la corte y descubre que el establo se ha incendiado. Pregunta si alguien fue herido; no pregunta por los caballos. En la Antigüedad eran una propiedad muy valiosa, así que el fuego representaba también una pérdida material considerable.
El pasaje no basta para convertirlo en un teórico moderno de los derechos humanos ni para demostrar indiferencia hacia los animales. Dice menos, y ese menos importa: cuando llega el momento de calcular el daño, las personas no aparecen como otro renglón contable al lado de las cosas.
Las crisis dejan ver el orden que la rutina oculta. Instalaciones, plazos, seguros, culpables: nuestras primeras preguntas revelan qué colocamos primero. La de Confucio no resuelve todo. Sólo pregunta a quién buscamos antes cuando algo acaba de arder.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.