Yan Hui representa al alumno ideal: pobre, sereno y entregado al estudio. Por eso sorprende la queja de Confucio: Hui no lo ayuda, porque todo lo que dice le agrada. Un maestro que buscara obediencia consideraría perfecta esa aprobación.

En otro pasaje, Confucio exige no ceder ni siquiera ante el maestro cuando está en juego el ren. Lo justo debe estar por encima de quien lo enseñó. Un juicio nacido en clase tiene que poder volverse también hacia el profesor. Un respeto incapaz de responder deja indefensos tanto su error como el crecimiento del alumno.

En política ocurre lo mismo: un gobernante que se complace en no ser contradicho pone al Estado en peligro. No toda objeción es correcta, pero una habitación donde objetar es imposible ya no puede descubrir sus fallos. El acuerdo total quizá no indique comprensión; puede indicar que comprender se ha vuelto arriesgado.

Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.