Alrededor de un gran maestro suele crecer el rumor de una doctrina interior: el público recibe lecciones, el heredero obtiene la llave. Chen Kang pregunta directamente a Boyu, hijo de Confucio, si ha recibido alguna instrucción especial.
Boyu recuerda dos cruces en el patio. Su padre le preguntó si había estudiado las Odas y luego los ritos, explicando brevemente su importancia. Ninguna puerta cerrada, ninguna doctrina doméstica. Chen Kang celebra haber aprendido sobre poesía, ritual y ausencia de favoritismo.
No se trata de frialdad paterna. El parentesco simplemente no se convierte en pasaporte hacia un saber vedado a los demás. La escena es fuerte porque Confucio no certifica su propia justicia: quien supuestamente debía beneficiarse del privilegio declara que no existía.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.