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Non Dubito

SAE y Montaigne · Introducción · El libro y un ejemplar

Un libro y un ejemplar de ese libro

Antes de mirar las anotaciones que Montaigne dejó en su propio ejemplar, conozcamos los Ensayos.

Han Qin ·

Un libro

Montaigne fue un francés del siglo XVI. En 1570 dejó su cargo público; al año siguiente, con treinta y ocho años, anunció que se retiraba a su propiedad. La biblioteca de la torre se convirtió después en su lugar de escritura. No se encerró allí para siempre, ni los asuntos del mundo dejaron de reclamarlo. Pero en ese lugar fue creciendo, poco a poco, un libro.

No era un tratado sistemático. Lo componían textos de longitudes muy distintas, con títulos que parecían escogidos sobre la marcha: Del arrepentimiento, De la vanidad, De la experiencia, De la embriaguez, De las postas. Escribía adonde lo llevaba el pensamiento, intercalando abundantes palabras de los antiguos.

Él mismo le dio título. La palabra francesa, Essais, sugería probar, tantear, sopesar algo de lo que todavía no se está seguro. Más tarde daría nombre a un género. Antes de eso, fue el nombre de este libro.

Lo que sometía a prueba era él mismo.

El libro se escribió durante muchos años y durante muchos años siguió creciendo. Apareció por primera vez en 1580, en dos libros. La portada de 1588 lo presentaba como quinta edición, con seiscientas adiciones y un tercer libro nuevo. El conjunto tenía ya ciento siete capítulos.

La impresión de aquella edición de 1588 no puso fin al trabajo.

Un ejemplar

Se ha conservado el ejemplar de la edición de 1588 que tenía en sus manos. Hoy está en la biblioteca de Burdeos y se conoce como el ejemplar de Burdeos.

Durante los años siguientes, hasta su muerte en 1592, continuó escribiendo y tachando en él: en los márgenes, entre las líneas e incluso encima de las palabras impresas.

En ese volumen podemos distinguir, para empezar, dos capas. Una es la impresa, que conserva el estado de la edición de 1588. La otra es manuscrita y reúne los cambios añadidos después. Tampoco esa segunda capa se produjo de una sola vez: dentro de ella hay momentos anteriores y posteriores. Al abrir hoy el libro, vemos juntas la impresión y la escritura a mano.

No es algo que se encuentre todos los días. Por lo general leemos el texto corregido sin ver cómo se retiraron las formulaciones anteriores. Él no empezó otro volumen: siguió escribiendo en su ejemplar ya impreso. Así, lo pensado más tarde y lo impreso antes quedaron en una misma hoja.

Hay una advertencia que conviene hacer desde ahora. Tres años después de su muerte apareció otra edición de los Ensayos que no coincide por completo con este ejemplar. La relación entre ambos es materia de una compleja discusión editorial. Aquí no vamos a resolverla. Partiremos de lo que se puede distinguir en este volumen: la impresión, las adiciones, las supresiones y las sustituciones.

Los cinco ensayos que siguen

Los cinco ensayos tratan de lo que ese ejemplar nos permite ver: qué escribió Montaigne, a qué volvió después, qué frase dejó y cuál tachó con su propia mano. El papel puede decirnos más de lo que creemos. A veces, también mucho menos.

Cada ensayo lleva aparte una nota que coloca a su lado un marco contemporáneo llamado SAE. Es una nota al margen, no una demostración, ni sostiene que uno proceda del otro. Se puede dejar sin leer.

Fuentes y notas de lectura

Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. Las versiones de los pasajes de Montaigne buscan una lectura fluida, no una traducción palabra por palabra, y no se toman de una traducción española moderna. Las notas y los enlaces finales distinguen los textos usados para comparar de las transcripciones que documentan cambios manuscritos. No se decide aquí la relación de autoridad entre el ejemplar de Burdeos y la edición de 1595.

Notas sobre el texto y las ediciones

El objeto principal de la lectura es el ejemplar de Burdeos de la edición de 1588. No se establece a partir de él la secuencia ni la autoridad relativa entre sus cambios y la edición de 1595. Las versiones de los pasajes dan prioridad a la fluidez, sin pretender una correspondencia palabra por palabra.