NON DUBITO · Lecturas de cine
Una lectura de Siempre a tu lado (Hachiko)
Tres ensayos que parten de una relación no condicionada por el intercambio, siguen a la gente de una estación mientras aprende a cuidar de un ser que al principio no contaba y se preguntan cómo decidimos el peso de una vida que no puede defender su propia causa.
Siempre a tu lado (Hachiko) suele recordarse como una historia de fidelidad. Pero lo más singular sucede, en realidad, alrededor de la espera. Parker no le exige a Hachi que demuestre su utilidad antes de quererlo, ni la gente de la estación espera a tener una certeza para empezar a cuidarlo. Hachi no puede explicar qué significa su regreso diario. Esa falta de explicación, sin embargo, no exime de responder a quienes lo ven.
Estos tres ensayos van de la relación al reconocimiento y de ahí a la interpretación. Se preguntan qué queda en una relación cuando el afecto no es una transacción; cómo la atención sostenida transforma a quienes observan; y por qué la película, aun cuando nos deja ver brevemente el mundo a través de los ojos de Hachi, no nos entrega su mente para que nos adueñemos de ella.
I. Entre ellos, nada fue un intercambio
Parker y Hachi reciben compañía, pero ninguno hace depender los cuidados de lo que el otro sea capaz de demostrar. Hasta la negativa a traer la pelota tiene cabida en ese perro concreto al que se quiere.
II. El perro siguió igual. Las personas cambiaron
Hachi repite el mismo gesto. Quien cambia es la comunidad de la estación, que poco a poco convierte a un ser que al principio no debía estar allí en una vida cuidada entre todos.
III. Somos nosotros quienes decidimos cuánto pesa
La película nos permite compartir lo que Hachi ve, pero no traduce su interior. El peso de su espera procede de quienes lo vieron y no se dieron media vuelta para marcharse.