El trabajo decide adónde vamos cada día, quién cuenta con nosotros y qué ocupa nuestra atención. El cargo da nombre a ese lugar. Tras años de ser gerente, investigadora o especialista, es natural empezar a mirarse desde esa función.
No siempre es un error. La práctica forma capacidades y revela qué responsabilidades queremos asumir. El oficio puede ser una parte auténtica de la respuesta a la pregunta por quiénes somos.
El peligro comienza cuando esa parte se vuelve el todo. Perder un puesto se siente entonces como perder el propio valor; una jubilación o reorganización abre un vacío mucho mayor que el cambio laboral.
La empresa puede aprovechar esa dependencia. Palabras como familia y pertenencia solo sostienen si no se usan contra el descanso, el desacuerdo o la vida exterior. De otro modo, pertenecer deja de ser apoyo y se vuelve retención.
Trabajar con profundidad es compatible con poder dejar un título. El rol cuenta lo que alguien ha hecho, pero no decide por completo quién es ni qué podrá llegar a ser. Un capítulo importante no posee el final del libro.