Quien se adapta siempre desaparece; quien evita cualquier herida reduce el mundo. Ambas estrategias quieren eliminar la incertidumbre de los vínculos.
Una relación madura permanece abierta: aprende del otro, acepta cambiar y puede recibir lo inesperado.
También tiene límites: discrepa, retrocede y se va cuando hace falta. Estar abierto no obliga a soportarlo todo.
Colega, amigo, vecino y conocido no necesitan la misma profundidad. Cada vínculo puede tener su tamaño justo.
La madurez no es una técnica terminada, sino la capacidad de volver a elegir cercanía y distancia sin reducir a nadie a un papel.