Cuando cambian el gusto, el trabajo o las convicciones, el yo anterior puede parecer falso. Los demás también recuerdan nuestras viejas palabras.
Entonces minimizamos el cambio o reescribimos la historia. Pero una vida continua no es una serie de respuestas idénticas.
Aprender, conocer las consecuencias y revisar un juicio puede ser una forma de fidelidad. No deben desaparecer las promesas ni el daño causado.
«Entonces pensaba esto; cambié por estas razones» une ambos momentos. Explicar el cambio es hacerse cargo de la propia historia.
Las personas cercanas a veces necesitan tiempo para creer en un cambio. Más declaraciones ayudan menos que la continuidad de actos y su posibilidad de comprobar. Su cautela no niega nuestra evolución; también pertenece a las consecuencias de la historia.