Nuestros gustos e ideas vienen en parte de la familia, la escuela y la época. Si exigimos una elección sin influencia, nada podrá pertenecernos.

No decide la pureza del origen, sino nuestra relación con lo recibido: examinar razones, comparar alternativas, volver a elegir y asumir consecuencias.

«Es mío» no debe convertirse en declaración eterna. Una convicción incapaz de escuchar hechos nuevos u objeciones se vuelve fortaleza.

Una elección personal sigue abierta a crítica si daña a otros. La autenticidad no borra la voz de quienes soportan sus efectos.

Mío no significa que no deba nada a nadie. Significa que no delego las razones, el coste ni la posibilidad de revisar.