Una facilidad temprana se convierte pronto en destino: quien dibuja bien debería ser artista; quien entiende los números tendría que dedicarse a la ciencia.
El talento abre una puerta, pero no dice si queremos vivir detrás de ella. Hacer algo bien no equivale a querer su rutina y sus responsabilidades.
Los elogios pueden transformar la posibilidad en deuda. Cambiar de camino parece traicionar un don, aunque una aptitud sea un recurso y no una factura de la naturaleza.
Tampoco el deseo garantiza que cualquier vía sea posible. Hace falta conocer sus exigencias, practicar y quizá encontrar otra manera de participar en el mismo campo.
El talento muestra una posibilidad y facilita ciertos esfuerzos. La dirección se vuelve propia cuando aceptamos también la vida concreta que hay al otro lado.