Después de hablar durante horas, cada cual puede explicar con justicia la postura del otro y aun así quedan dos respuestas.

Una persona necesita calma en casa; la otra quiere una casa abierta a los amigos. No falta información.

Seguir diciendo «no me entiendes» convierte entonces la explicación en una exigencia de rendición.

Conviene preguntar si un dato nuevo cambiaría la decisión o si de verdad se están protegiendo cosas distintas.

Entenderse no promete coincidir; a veces solo permite llegar al punto exacto desde el que hay que inventar otro arreglo.