Tecnología, mercados e instituciones · 05 / 21
Ethereum
El ordenador mundial puso precio al cómputo con gas, pero no pudo incluir en la tarifa la intención del código ni su gobierno.
Lo que ocurrió
Ethereum amplió la cadena: ya no solo transfería unidades, sino que programas modificaban un estado compartido. El gas cobra cálculo y almacenamiento para impedir ejecuciones ilimitadas.
Lo que registró el libro
Cada nodo puede repetir la transición y obtener el mismo resultado. Esa precisión convirtió los contratos en piezas de organizaciones y mercados.
Lo que quedó fuera
El significado pretendido del código, el poder de cambiarlo y quién paga la congestión siguen siendo decisiones humanas. Coincidir en la ejecución no equivale a coincidir en el propósito.
Esta edición en español es una reescritura independiente pensada para lectores hispanohablantes.