De la CPU a la granja minera
El cálculo abierto a cualquiera se convirtió, con GPU, ASIC y pools, en una industria de capital, energía y geografía.
Lo que ocurrió
Al principio bastaba un ordenador doméstico para minar bitcoin. La ventaja de las GPU, seguida por los ASIC y las instalaciones especializadas, transformó pronto una afición en industria.
Lo que registró el libro
El protocolo traduce potencia de cálculo a una medida común y reparte recompensas sin preguntar identidad, país ni aval. Esa indiferencia personal es una de sus promesas más limpias.
Lo que quedó fuera
Pero cada mejora de eficiencia favorece electricidad barata, equipos exclusivos y acceso al capital. La regla sigue abierta mientras se estrecha el grupo de quienes pueden competir de verdad.
Esta edición en español es una reescritura independiente pensada para lectores hispanohablantes.