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NON DUBITO · Escultura · Escultura occidental

La Victoria de Samotracia: cómo el viento adquiere peso

Las alas se despliegan, pero los pliegues no van todos en la misma dirección. Viento, cuerpo y proa dan peso a la llegada de la victoria.

En este ensayo

Las imágenes pequeñas añadidas son fotografías complementarias de la misma escultura original. Las lecturas de un fondo o ángulo concreto siguen remitiendo a las imágenes oficiales enlazadas en el texto. Al pulsar una imagen se abre la ficha del museo.

Victoria de Samotracia, Louvre Ma 2369. Vista general oblicua, 2015: diosa, proa, base de piedra y plataforma expositiva.
Victoria de Samotracia, Louvre Ma 2369. Vista general oblicua, 2015: diosa, proa, base de piedra y plataforma expositiva. Fotografía: Lyokoï88, 2015-03-21. Fuente de la imagen y licencia; CC BY-SA 4.0. Tamaño reducido; encuadre sin cambios.Ver imágenes en la página de la obra del museo ↗

Bajemos del pecho al abdomen: la ropa se recoge en la cintura y se dobla de pronto en diagonal ante el muslo. A un lado se pega al cuerpo; al otro ya se hincha detrás. Arriba, las alas alejan el contorno. El viento no la dispersa. El pecho mira al frente y varias fuerzas de direcciones distintas se encuentran en un mismo cuerpo.

Al seguir bajando descubrimos que está sobre una proa. La nave es gris oscura, con piezas anchas y gruesas que salen a los lados y una arista frontal orientada hacia nosotros. Arriba, la diosa abre las alas; abajo, la nave también se ensancha. No es simplemente una figura ligera sobre una base pesada: ambas partes se expanden y ocupan espacio hacia fuera, una mediante capas de plumas y la otra fijando direcciones con la firmeza del casco.

Ver la fotografía frontal de conjunto oficial del Louvre. Descripción: una diosa clara se alza sobre una proa gris con las alas extendidas en diagonal ascendente; aparecen juntos proa, base rectangular de piedra y soporte expositivo actual. Fotografía de la ficha del Louvre, Philippe Fuzeau, 2014.

No se conoce el nombre del escultor. El registro actual del Louvre fecha la obra entre 200 y 175 a. C., en época helenística. Es Niké, la diosa que anuncia la victoria. El monumento se levantaba en el santuario de los Grandes Dioses de la isla egea de Samotracia como ofrenda por una victoria naval. Qué batalla fue y quién hizo el encargo siguen debatiéndose; no podemos atribuirla con certeza a un vencedor hipotético. Estamos ante una ofrenda que hace aparecer la victoria en un espacio religioso. Nave, alas y cuerpo humano dan a una palabra abstracta la postura de una llegada. Registro de colección; Presentación de la obra y del lugar original por el Louvre

1. El viento no empuja todos los pliegues hacia el mismo lado

Victoria de Samotracia, Louvre Ma 2369. Fotografía complementaria de 2007, anterior a la restauración de 2013–2014: torso, paños y ala cercana; no muestra la proa completa.
Victoria de Samotracia, Louvre Ma 2369. Fotografía complementaria de 2007, anterior a la restauración de 2013–2014: torso, paños y ala cercana; no muestra la proa completa. Fotografía: Marie-Lan Nguyen, 2007. Fuente de la imagen y licencia; Public domain dedication by photographer (PD-self). Tamaño reducido; encuadre sin cambios.Ver imágenes en la página de la obra del museo ↗

Desde tres cuartos por la izquierda de la diosa vemos a la vez abdomen y tela impulsada hacia atrás. La túnica ajustada y el manto que envuelve la parte inferior producen espesores distintos.

Ante el abdomen hay una superficie clara y relativamente amplia, con pliegues finos reunidos a los lados. Cerca del muslo, la tela se enrolla en una banda diagonal gruesa sobre otra capa de líneas más delicadas; abajo caen pliegues largos, con surcos profundos y bordes levantados. La ropa hinchada detrás importa especialmente: se abre hacia fuera y después vuelve al cuerpo. No es una cinta pegada al contorno; parece contener un volumen de aire que está pasando.

Ver la fotografía oficial de tres cuartos desde la izquierda. Descripción: se ven juntas las plumas del ala cercana, los pliegues del torso, el muslo cubierto por la túnica y el manto hinchado detrás; de la nave solo aparece el borde superior. Fotografía Michel Urtado, Tony Querrec y Benoît Touchard, 2015.

La expresión «paños mojados» ayuda a reconocer la ropa adherida que deja ver el cuerpo, pero no explica por sí sola este viento. Si todo se pegara, la figura parecería envuelta en una membrana; si todo volara, el contorno amplio absorbería su firmeza. Aquí hay adhesión y separación, pliegues pequeños y densos y grandes bolsas de tela. La fuerza del aire aparece precisamente en esas diferencias.

Miremos también hacia abajo. No todos los pliegues vuelan hacia atrás: muchos siguen cayendo por las piernas. Las diagonales cruzan el cuerpo y enlazan con pliegues verticales largos. Viento y gravedad no se ordenan en una flecha uniforme. Hay tela atada, tela detenida por el cuerpo y tela con holgura para abrirse. La misma ráfaga produce resultados distintos.

Así, el avance de la diosa adquiere peso. El torso no retrocede con el manto ni las alas convierten las piernas en líneas sueltas. El cuerpo mantiene su dirección y la ropa parece responder a algo exterior. Avanzar contra el viento no es añadir ondas ornamentales: ella va hacia delante y algunas cosas que siguen unidas a ella se retrasan.

Creo que el viento pesa sobre todo porque el cuerpo conserva volumen. El pecho ya ha llegado delante, el manto queda detrás, las alas abren el espacio lateral y los pliegues que caen devuelven el conjunto a la nave. La mirada no puede recoger todas esas direcciones en un solo recorrido suave; la piedra inmóvil hace sentir una acción todavía abierta.

2. Las alas incorporan el espacio que queda fuera del cuerpo

El ala cercana de la vista oblicua parece mucho más ancha que en la frontal. Las plumas son cortas y densas junto al arranque y se alargan hacia fuera; se superponen antes de que las puntas puedan separarse. No es una placa plana de bonito contorno. Los solapamientos añaden grosor y ordenan el despliegue desde dentro hacia fuera.

Sigamos el borde superior y volvamos por el inferior. El primero es largo y ligeramente ondulado; el segundo se compone de puntas desiguales con sombras discontinuas. Uno conserva una dirección general y el otro deja aparecer muchas partes pequeñas. La misma ala combina continuidad y articulación: de lejos es un impulso abierto; de cerca vemos cómo lo transmiten las plumas al extremo.

El hueco bajo el ala también actúa. No hay materia que trace una unión, pero su borde inferior se enfrenta a distancia al manto hinchado. Arriba se extiende hacia fuera, abajo empuja hacia atrás: ambos parecen abrir juntos el espacio lateral. Reducir la obra a pecho, piernas y alas sumados haría perder una distancia que no pertenece a ninguna pieza y depende de todas.

De frente, un ala parece ancha y la otra estrecha. La vista oblicua explica parte del efecto: entran en la profundidad y la fotografía comprime algunas superficies. No son signos planos pegados al dorso para leerse de frente. Hay, además, un dato imprescindible: el ala derecha de la diosa es una restitución de yeso; la izquierda conserva mármol antiguo ensamblado y restaurado. Pecho y espalda también tienen añadidos. El despliegue actual combina evidencias antiguas y reconstrucción posterior. Estado de conservación registrado por el Louvre

Las plumas antiguas del ala cercana conservan las relaciones talladas de su apertura en capas; la derecha restituida ayuda a recuperar el conjunto. De cerca distinguimos puntas y solapamientos; al alejarnos, ambas determinan la anchura sobre el cuerpo. La unidad que muestra una escultura y lo ocurrido a cada material no siempre caben en una sola fecha.

3. La proa convierte su llegada en un acontecimiento

Si recortamos la imagen bajo los pies, queda una diosa alada rodeada de viento. Al devolverle la nave, su llegada tiene un objeto y un lugar.

La vista lateral corrige especialmente la idea de que una base solo eleva. El casco gris se prolonga horizontalmente; vemos su cara de terminación y el largo borde superior. La altura de la diosa se alza sobre esa longitud. La proa no es una columna: lleva el espacio de la obra de lo alto hacia delante. Aunque solo sea un tramo de barco, la mirada imagina su continuación siguiendo la borda.

Ver la vista oblicua oficial con la proa. Descripción: la proa gris se extiende horizontalmente bajo la diosa; base rectangular y soporte moderno se distinguen por niveles. A la izquierda aparece parte de una escalera y una puerta. Fotografía Stéphane Maréchalle, Tony Querrec y Benoît Touchard, 2014.

Los planos del casco se encuentran con las curvas de la tela sin confundirse. Las luces del vestido se recogen y vuelven continuamente; los planos grandes de la nave dejan avanzar la mirada hasta una junta o una arista. Los primeros hacen sentir cambios locales; los segundos establecen una longitud en la que medir una dirección. La diosa ocupa ese lugar y, a la vez, parece recién llegada de otro.

Dos materiales aclaran la diferencia: mármol de Paros para la estatua y de Lartos para nave y base rectangular. La figura clara y el casco oscuro no son una misma superficie separada únicamente por la luz. Registro de materiales Los tonos hacen algo sencillo: mantienen íntegros cuerpo y nave y vuelven nítido su encuentro.

La proa también cambia el tono de la «victoria». Una Niké aislada puede ser un símbolo general; descendiendo sobre una nave de guerra une la aprobación divina a la acción humana. No se despliega una batalla ni hay que buscar marineros. El acontecimiento se concentra en la relación entre el barco y la figura que llega. La acción humana queda detrás de la imagen, pero la nave mantiene orientada la pregunta de por qué está ella aquí.

El peso no es, por tanto, algo tolerado solo para resaltar la ligereza. La nave tiene su propio avance: su arista frontal responde al torso de la diosa. Una es baja y larga; la otra, alta y abierta. El impulso se reparte entre dos volúmenes y se reúne en una llegada.

4. No tener cabeza no significa no necesitarla

Es fácil tomar la apariencia familiar de hoy por la que la obra debería tener. Esta diosa recibe a menudo un elogio particular: sin cabeza sería más pura; sin brazos quedaría solo la fuerza.

Pero no fue creada como una figura sin cabeza ni brazos. Cuando se descubrió en 1863 ya estaba rota. Los fragmentos de la mano derecha hallados después recuerdan otra integridad del cuerpo. Descubrimiento y fragmentos de la mano derecha

Las pérdidas sí cambian la mirada. Sin rostro, la atención pasa fácilmente del pecho a las alas; sin brazos atravesando el espacio, la extensión de estas destaca más. La rotura del cuello termina de golpe el cuerpo, mientras el ojo sigue buscando por encima del pecho elevado. Son efectos reales del estado conservado y pueden describirse con cuidado. Pero disfrutarlos no demuestra que cabeza y manos originales fueran un estorbo.

La cabeza habría precisado una dirección y los gestos habrían redistribuido el espacio junto a las alas. Hace falta evidencia para decir cómo, pero saber que participarían en el conjunto basta para mantener la cuestión abierta. Su fuerza actual no prueba que completa hubiera sido más débil.

La restauración impide además elegir simplemente entre integridad y fragmento. La envergadura que admiramos incluye restituciones; las lagunas familiares no se han rellenado todas. La imagen actual procede de una recuperación selectiva. Podemos apreciar el conjunto y reconocer sus capas históricas sin exigir que demuestre una supuesta superioridad de lo incompleto.

5. La escalera da también dirección a nuestro cuerpo

El Louvre la sitúa en lo alto de la escalera Daru. El museo explica que esa presentación elevada evoca su visibilidad desde lejos en la altura del santuario original; llegó aquí en 1883. Pero la escalera parisina no trasladó intacto el santuario egeo. La nueva arquitectura dio otro ritmo a la mirada. Presentación de la escalera Daru

Las vistas de conjunto muestran que la altura acumulada de diosa, nave y soporte impide verla como una figura a nuestra altura. Según la ficha actual, la diosa mide unos 3,28 m y el monumento unos 5,64 m. Al final de la escalera debemos mirar arriba y seguir acercándonos. Nuestra subida cruza la apertura de las alas y el avance de la proa.

La fotografía explica la disposición, pero no sustituye los pasos por cada peldaño. Lo importante no es afirmar que «en persona impresiona más», sino entender cómo la exposición organiza la aproximación: antes de distinguir los pliegues pequeños ya encontramos un despliegue elevado; al hacerse legibles los detalles, el contorno grande sigue manteniendo su escala arriba.

La visita del Louvre indica también que un punto de vista importante en la Antigüedad era el de tres cuartos desde la izquierda de la diosa. Lugar original y dirección de la mirada Es precisamente el utilizado aquí para estudiar ala y manto hinchado. La vista frontal ofrece la llegada completa; la oblicua enriquece el recorrido del aire alrededor del cuerpo. No necesitan competir por un único lugar correcto: la célebre silueta frontal no contiene toda la organización espacial de la obra.

Tras mirar la nave, volvamos a la zona más plana del vestido sobre el abdomen. Su calma tiene ahora un entorno: alas abiertas arriba, largos pliegues retorcidos abajo, manto hinchado detrás y nave adelantada bajo los pies. Lo que me detiene es que esa calma no elimina los impulsos de alrededor. En el viento, ella conserva volumen. La victoria no parece una ligereza que se lo lleva todo, sino una fuerza capaz de recibir lo que viene y llegar a este lugar.

Lectura opcional: distinguir con SAE dos maneras de «permanecer»

Hemos leído el viento como relación entre partes. La «belleza perceptiva» de SAE permite preguntar algo más: una vez reconocido el viento, ¿hemos agotado esas relaciones?

El ensayo del rayo 08, Al desvanecerse la luz, el jardín aparece de otro modo, parte de un jardín al anochecer para examinar cómo las condiciones afectan a lo sensible y cómo los sentidos no sirven solo para advertir o reconocer. Ante la diosa, dejemos un momento de decir «es el viento». Miremos cómo la zona clara del abdomen entra en los pliegues apretados de la cintura, cómo un surco profundo separa un haz de pliegues largos y cómo las sombras caen bajo cada punta de pluma. Incluso entendiendo su significado, esas diferencias merecen atención. Leer el ensayo del rayo 08, en inglés

Este rayo añade atención a lo que viene después de reconocer. No ofrece otra causa del viento: pausa la explicación para que los pliegues no se conviertan inmediatamente en una bonita palabra de acción. Además, vemos fotografías: luz, encuadre y pantalla participan en la aparición de claros y oscuros. Admitirlo no deja la imagen al arbitrio de cualquiera; valores claros y oscuros, anchuras y solapamientos pueden señalarse punto por punto. Percibir no es rechazar el conocimiento ni exige descubrimientos infinitos para continuar.

Otra manera de permanecer requiere las preguntas del rayo 05, La madera aún conserva aquel año seco. Desde anillos, escalones y reparaciones, el ensayo pregunta cómo entra el pasado en el presente mediante efectos reales, sin inventar historias por una mera apariencia antigua. Aquí, el ala derecha de yeso, las plumas antiguas ensambladas y el cuello roto tienen orígenes diferentes. No son idénticas «huellas del tiempo». Leer el ensayo del rayo 05, en inglés

Conviene distinguir dos causalidades. Los pliegues evocan viento, pero una brisa marina no dobló esta piedra: la talla representa un estado sometido a fuerzas. Roturas y restituciones sí proceden de la historia posterior del objeto. Unas formas hacen sensible una fuerza natural ausente; las otras permiten comprobar el tiempo realmente atravesado. Confundirlas convertiría una reparación en diseño antiguo o un pliegue tallado en registro climático.

La belleza causal va así más allá del análisis del movimiento: exige preguntar qué forma puede probar qué pasado. No concluye que lo antiguo sea automáticamente más bello. Podemos disfrutar del contorno actual y querer saber cómo se formó; valorar los fragmentos sin hacer de la destrucción un precio necesario de la belleza. En el ala cercana, las sombras discontinuas merecen una mirada lenta y las juntas llevan a los registros de restauración. El mismo lugar hace sentir el despliegue y conserva procedencias que deben verificarse por separado.

Imágenes y fuentes

Este artículo se basa en el examen de ocho fotografías oficiales de la misma pieza del Louvre, Ma 2369, con vistas frontales, de tres cuartos por la izquierda y oblicuas con la proa. No equivalen a rodear presencialmente la obra. Los derechos corresponden al museo y a los titulares fotográficos indicados; enlazar no concede permiso abierto de reutilización. Dimensiones, materiales y restituciones siguen la ficha actual; los análisis de movimiento y espacio son lecturas de este artículo. Véanse las referencias y los enlaces oficiales para consultar las imágenes.

Referencias (en inglés)

English

Louvre Ma 2369, 200–175 BCE. Parian marble figure, Lartos marble ship and base. The right wing is a plaster reconstruction; the surviving ancient left wing is assembled from fragments. A specific naval battle or donor is not presented as certain.

The linked institutional records supply identification and historical context. The close reading and optional SAE connections are the essay’s interpretation, not claims attributed to the artist.

1. collections.louvre.fr

2. www.louvre.fr

3. www.louvre.fr

4. www.louvre.fr

5. nondubito.net

6. nondubito.net

Créditos y uso de imágenes (en inglés)

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Credit: Lyokoï88

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Credit: Marie-Lan Nguyen

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