Confucio le dice a un hombre que no inspiró respeto de joven, no logró nada de adulto y, de viejo, tarda en morir: es una calamidad. Después le golpea la espinilla con el bastón. Sin nombre, la escena parece un juicio utilitario contra toda vejez.

El hombre es Yuan Rang, viejo amigo que espera sentado con las piernas abiertas en actitud provocadora. Confucio conoce sus rarezas, incluido el canto sobre el ataúd de su madre. La frase pertenece a una persona, un gesto y una relación larga y difícil.

La intimidad no vuelve inocente toda dureza. Pero borrar el nombre para fabricar una ley general también falsea el texto. Recuperar a Yuan Rang no produce una escena cómoda; devuelve una conversación incómoda entre dos seres humanos en vez de una doctrina sobre el valor de los ancianos.

Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.