«Se puede hacer que el pueblo siga, no que sepa» ha servido para acusar o defender el oscurantismo confuciano. Ambos bandos suelen aceptar la misma sintaxis. Pero choca con el maestro que enseña más allá de las clases sociales y toma en serio la pregunta de una persona común.
Otra lectura propone esto: se puede orientar una conducta, pero no fabricar en otro la propia comprensión. El límite no está en la inteligencia del pueblo, sino en el poder del gobernante. Ni siquiera un maestro instala conocimiento antes de que la pregunta llegue a ser del estudiante.
La gramática y la historia textual siguen abiertas. Este ensayo no las zanja. Sólo devuelve el sujeto al verbo: ¿quién cree que puede «hacer saber» a otro? Antes de usar la frase como permiso político, habría que justificar hasta dónde llega ese poder dentro de una conciencia.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.