Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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096 / 108 · Cómo sabemos

Polanyi: sabemos más de lo que podemos decir

Reconocer rostros, pedalear, investigar: además de explicaciones, capacidades que las hacen posibles. Diecisiete hilos se reúnen sin cerrar el conocimiento.

I. Sabemos más de lo que podemos decir

Podemos saber más de lo que podemos decir.

La dimensión tácita apareció en 1966, a partir de las conferencias Terry que Polanyi impartió en Yale en 1962. Esa breve idea, cerca del comienzo, cambia el lugar desde el que miramos el conocimiento.

Reconoces un rostro entre mil. Pero no puedes redactar una lista de medidas —ángulo de la nariz, distancia de los ojos, curva del pómulo— que explique por completo el reconocimiento. Tu saber desborda lo que cuentas.

Sabes ir en bicicleta sin describir exactamente qué hace tu cuerpo. En el ensayo anterior, Merleau-Ponty nos acercó al saber del gesto. Polanyi recoge el hilo: lo que no cabe entero en conceptos no es solo un resto del conocimiento. Puede ser lo que lo sostiene.

Su tesis fuerte es que incluso el conocimiento explícito necesita comprensión tácita. No todo sentimiento oscuro es conocimiento. Pero ninguna explicación contiene por completo las capacidades necesarias para entenderla y usarla.

«La Tierra gira alrededor del Sol» es una proposición explícita. Podemos seguir explicando giro, espacio, movimiento. Aun así hará falta alguien capaz de leer un diagrama, comprender relaciones y usar palabras en el mundo. No se trata de quitar las explicaciones, sino de preguntar qué las vuelve inteligibles.

II. Salir del laboratorio sin abandonar la ciencia

Michael Polanyi recorrió un camino poco habitual.

Judío húngaro, trabajó en Berlín como fisicoquímico, entre otras cosas en estructuras cristalinas y cinética de reacciones. No fue un científico ocasional, sino un investigador importante.

Después dedicó cada vez más trabajo al conocimiento y la sociedad. Salir del laboratorio no era dejar la ciencia dentro.

Vivió dos guerras mundiales y el derrumbe de Europa. ¿Cómo podía una civilización destruirse así?

Una de sus respuestas interrogaba un ideal peligroso: si solo resulta fiable lo que elimina todo juicio personal, ¿qué lugar queda para un científico real? No significa atribuir las catástrofes europeas a una única causa filosófica.

Criticó el sueño de un registro completamente impersonal, con intuición, confianza, compromiso y juicio tratados como impurezas. Ese ideal no solo deja sin sitio a la moral y al gusto; describe mal la ciencia. Los datos no eligen sus preguntas ni sus pistas prometedoras.

Cuando respeto y compromiso se rebajan a «meros sentimientos subjetivos», pueden perder voz frente al poder. Pero lo contrario también sería falso: la convicción sincera no concede autoridad por sí sola. El juicio humano necesita un lugar y responsabilidad por equivocarse.

Polanyi no busca simplemente una palabra amable para la intuición. Quiere preservar a la persona que no puede borrarse del conocer. La objetividad no exige fingir que uno no existe; el juicio moral no desaparece porque no se convierta en procedimiento mecánico.

III. Aquello a través de lo que atendemos

Polanyi distingue conciencia subsidiaria y conciencia focal.

Lees atendiendo al significado y apoyándote en letras, gramática y contexto. No tienen por qué ser inconscientes: funcionan como indicios hacia el sentido. La presión de la silla o el ruido exterior quizá sean solo fondo. No todo lo que queda fuera del centro es automáticamente subsidiario.

La relación esencial va desde algo hacia algo: de detalles a un conjunto. Un detalle puede pasar a ser objeto de examen, pero cambia de función. El foco anterior no se vuelve subsidiario de manera automática; ambos niveles pueden participar juntos en el mismo conocimiento.

En bicicleta atiendes al camino mediante ajustes de equilibrio y fuerza. Mandar sobre cada ajuste por separado puede romper el ritmo aprendido. Aun así, entrenar permite analizar movimientos y reintegrarlos en una marcha fluida. Prestar atención al cuerpo no garantiza una caída.

Reconoces la cara a través de sus rasgos, no comprobando una lista de medidas. Mirar la nariz por separado reorganiza temporalmente la atención; no vuelve invisible para siempre a la persona entera.

Polanyi concede gran alcance a esta estructura. No significa que lo subsidiario sea siempre indecible y lo focal siempre expresable: el rostro reconocido también puede resistirse a la descripción. Son funciones del conocer, no una frontera fija entre hablar y callar.

IV. Recoger diecisiete hilos

Volvamos a los diecisiete ensayos anteriores.

Comte buscó leyes fiables. Su suelo nos advierte aquí del riesgo de cierre, pero no debe reducir toda su obra a rechazar lo inarticulado.

Polanyi desplaza la mirada: incluso una ley escrita necesita juicio para ser reconocida, comprendida y utilizada. No hace ese trabajo sola.

La falsabilidad de Popper no elimina la imaginación en el descubrimiento. «Quizá hay algo aquí» puede no ser todavía una proposición contrastable y, sin embargo, conducir a ella. La intuición no firma el resultado de la prueba.

La belleza podía guiar las ecuaciones de Dirac sin garantizar su verdad. Gusto, deducción y comprobación trabajan juntos; no hace falta encerrarlos para siempre en una única pareja subsidiaria-focal.

La poesía de Qu Yuan comunica más que proposiciones: dirección. Un verso te detiene antes de poder explicar por qué importa.

El argumento de Fichte sobre el yo puede explicarse. Asumir la propia actividad no se consigue memorizándolo.

El sentimiento de McClintock por el organismo creció en la práctica y regresó a las pruebas. El descubrimiento no esperó sesenta años completos para salir de un sentimiento.

Weil escribió sobre practicar la atención. Leer sus indicaciones no asegura haber dejado sitio a la persona de enfrente.

Thatcher debía juzgar qué costes podían asumirse. Que un juicio no pueda explicarse exhaustivamente nunca exime a un dirigente de dar razones públicas.

Nāgārjuna no retira una cáscara para revelar un residuo misterioso. Ni siquiera la vacuidad debe convertirse en sustancia. Nuestra última palabra no es el final de la indagación.

Woolf escribe momentos de ser. Su obra se acerca al desgarro del algodón sin entregar una receta para reproducir ese instante.

Yukawa trabajó con imágenes y matemáticas. Lanzarse una pelota puede ilustrar un intercambio; no es un origen demostrado de su inspiración ni una imagen que predijera sola una partícula.

Arendt pregunta cuándo interrumpimos la conversación interior. Poder decir «estoy pensando» no demuestra disposición a revisar los propios juicios.

El cernícalo de Murdoch interrumpe el ensimismamiento. Explicar por qué importa atender no garantiza que repetir los pasos permita ver de verdad mañana.

La asabiyya de Jaldún se distingue en experiencias compartidas, relaciones y actos. El ambiente percibido de un grupo ofrece pistas, pero la exaltación o la propaganda también engañan.

Después de Vygotsky, otros hablaron de andamiaje. Saber cuándo soltar el sillín requiere atender a este niño, no solo consultar una tabla de edades.

Strawson analiza conceptos que ya sabemos usar. Describir su estructura no crea desde cero todas las capacidades de la vida compartida.

Merleau-Ponty pregunta por la mano hacia la taza. El gesto puede estudiarse sin esperar al final del estudio para intentarlo por primera vez.

Diecisiete ensayos no son diecisiete pruebas de que lo indecible siempre tenga razón. El conocimiento explícito ocurre dentro de vidas. Polanyi ayuda a no tirar esa vida como material sobrante.

V. Un ciclo que permanece abierto

El paso siguiente pertenece a nuestra lectura. El ciclo que viene no se presenta como una fórmula de Polanyi.

Conocer necesita experiencia y las expectativas y capacidades que llevamos a ella. Llamar a priori a una intuición adquirida confundiría lo aprendido previamente con lo independiente de la experiencia en sentido filosófico.

Observación y datos no son el enemigo. El problema es exigir que todo juicio se convierta primero en un dato autónomo para dejarlo participar. ¿Cómo decidir entonces dónde buscar los datos siguientes?

Lo contrario también cierra: recortar la experiencia según una idea previa y desechar lo que no encaja. Un mapa orienta el camino; no puede ordenar al paisaje que imite sus líneas.

Pensemos más bien en un ciclo.

La experiencia explora. Observamos, reunimos materiales, encontramos lo inesperado. Los materiales no carecen de interpretación, pero aun así pueden resistirse a nuestras ideas.

El juicio organiza. Aparecen patrones, direcciones y preguntas prometedoras. No una verdad añadida de ninguna parte, sino un mapa provisional.

La comprensión adquirida guía el regreso. Ciertas diferencias merecen ahora otra mirada.

La nueva experiencia pone a prueba la dirección. Encontramos lo que el mapa omitía, o descubrimos que íbamos mal. El mapa tiene que cambiar.

Vuelta tras vuelta: explorar, organizar, orientar, comprobar de nuevo.

Ningún lado gobierna para siempre mientras el otro solo aporta materia prima. Uno nos pone en contacto con el mundo, otro orienta ese contacto; la orientación debe responder al mundo.

McClintock iba y venía entre observación sostenida, técnica aprendida, sensibilidad a anomalías y análisis genético. El discernimiento hacía surgir preguntas; experimentos y registros permitían que otros las examinaran. No fue una revelación con los ojos cerrados seguida de una imagen confirmatoria del microscopio.

Con Dirac también hay que distinguir. Formación y juicio matemático guiaron la ecuación. Las soluciones de energía negativa fueron consecuencias del razonamiento, no una nueva observación experimental. Descubrir el positrón aportó otro nivel de contrastación empírica. Separar los pasos impide convertir el ciclo en una consigna que sirve para todo.

Los descubrimientos suelen crecer en esos intercambios. Cada vuelta no garantiza uno, ni todos los investigadores siguen la misma ruta.

VI. Personal no significa arbitrario

Volvamos a la frase inicial.

Podemos saber más de lo que podemos decir.

Suele entenderse así: algunos saberes son tácitos, corporales, intuitivos.

Tras diecisiete encuentros podemos oír algo más.

Lo que se resiste a las palabras no siempre es solo una formulación pendiente. Puede ser la capacidad que vuelve posibles las formulaciones. Un discernimiento adquirido guía la mirada siguiente. Parte de él se explicará mejor después, sin que necesariamente quepa entero en un manual.

Esa comprensión es una bisagra de nuestro ciclo. Con datos todavía hay que discernir qué indican; con teoría, juzgar cómo se refiere a este caso. Intuición, experiencia y orientación conectan ambos, y siguen siendo corregibles.

Conocimiento personal, de 1958, ya perseguía esa pregunta. Personal no es una preferencia privada disfrazada de verdad; subjetivo tampoco significa automáticamente poco fiable. Conocer implica participación, destreza, compromiso y juicio de alguien vivo que busca una verdad válida más allá de sí mismo.

Nadie aprende a montar en bicicleta por ti. Copiar una conclusión no te da el discernimiento de McClintock ni el juicio matemático de Dirac. Pero las bicicletas caen, los experimentos fallan y los hechos contradicen ecuaciones. La participación personal no elimina un mundo capaz de decir que no.

El saber personal no tiene por qué oponerse a la objetividad. Para acercarse a ella todavía hace falta alguien que recorra el camino.

VII. Dirección antes de llegada

Kant habla en estética de finalidad sin fin.

Podemos experimentar una adecuación sin fijar primero una utilidad. Una flor no necesita justificar su uso para parecernos bella. No viaja hacia un destino secreto.

Por analogía, una investigación puede sentir que un camino merece seguirse antes de anunciar el resultado. Solo una analogía: la estética kantiana no es la teoría de Polanyi, y no todo conocimiento tácito carece de un objetivo definido.

Cuando McClintock propuso la transposición genética, sus mecanismos moleculares no estaban completamente aclarados. Tenía preguntas y metas concretas, pero no todas las respuestas posteriores. La dirección puede adelantarse a la explicación completa.

Qu Yuan buscaba en un camino largo, arriba y abajo, sin poder certificar dónde terminaría. Podía conservar la dirección sin poseer la llegada.

No es una vergüenza. El cierre amenaza por ambos lados: acumular sin juzgar, o juzgar y dejar de escuchar. Podemos caminar con una pregunta y cambiarla durante el trayecto.

Entre dirección y destino, dejemos sitio a lo todavía no del todo articulado. No inmunidad frente a las pruebas, sino la posibilidad de crecer hasta poder discutirlo más.

VIII. A la entrada del puente

Invitemos ahora a Polanyi a nuestro puente imaginario. Quizá no lo notes enseguida.

Un hombre mayor, ropa discreta. Sin la urgencia de Fichte, los tacones de Thatcher, la quietud de Nāgārjuna ni las vestiduras mojadas de Qu Yuan.

Sube y sigue andando. No distingues exactamente adónde; parece tener una dirección sin que la llegada esté fijada.

Pasa junto a Comte sin detenerse a refutarlo. Pisa el cemento. Debajo hay grietas. Lo sabe sin un discurso.

Recorre la línea de Popper sin borrarla. A un lado, afirmaciones contrastables; alrededor, conjeturas y capacidades que conducen a ellas. Nada es automáticamente verdadero. Pero delimitar la ciencia no exige arrojar al río todo el resto del conocer.

Dirac y él cruzan una mirada. La contribución de la belleza al razonamiento no se cuenta exhaustivamente. Aún hay que calcular y comprobar. Una mirada personal participa sin firmar el resultado en nombre del mundo.

Se agacha junto a McClintock. Mira menos el maíz que su manera de mirar: postura, concentración, familiaridad viva. Nadie puede adquirir eso por ella.

Pasa junto a Weil, que no se apresura a poseer lo que ve. Una actitud para leer en paralelo, pero no «conciencia subsidiaria pura». Sin un conjunto al que atender, lo subsidiario no sería su relación desde-hacia.

Junto a Vygotsky, el niño ya anda. Polanyi sonríe. Hacer juntos, mostrar, hablar, reducir la ayuda a tiempo: una capacidad se vuelve poco a poco propia del niño. La mano no es enemiga del lenguaje.

Pisa el suelo de Strawson. Imperfecto, pero transitable. Ese juicio de suficiencia no se agota en frases; también se manifiesta en el apoyo.

Al llegar a Merleau-Ponty, ninguno necesita afirmar que ha dicho todo lo que el otro pensaba. Uno hace visible la vida corporal; otro pregunta por la integración tácita que sostiene el conocer. Los caminos vecinos todavía tienen de qué hablar.

Llega al final del puente.

Se vuelve hacia los demás.

En esta escena inventada le prestamos una frase que el recorrido nos ha enseñado a escuchar.

«Leyes, fronteras, ecuaciones, conceptos: lo que decís no flota solo. Pasa por cuerpo, experiencia, juicio y relaciones. Lo que no puede escribirse entero no es necesariamente un resto desechable; quizá hace posibles vuestras frases. Participar personalmente no anula la objetividad: exige responder por el juicio propio.»

Otra frase llega, no de sus libros, sino del arco de estos diecisiete ensayos.

«Que la experiencia no suprima el juicio, ni el juicio selle la experiencia. Una explora, otro organiza; comprender orienta, la experiencia vuelve a probar. Estáis dentro de ese ciclo, nunca sois un ojo anónimo fuera.»

Calla.

Saca algo pequeño del bolsillo. Quizá un cristal; los estudió. Un botón, un grano de arena. Apenas ves los detalles, pero algo descansa en su mano.

Todavía faltan palabras. Sin embargo, está ahí.

Extiende la mano, con la palma abierta.

Te toca.

Notas de lectura y fuentes

La dimensión tácita (1966) procede de las conferencias de 1962, clasificadas por Yale en 1962–63. Conocimiento personal apareció en 1958. Para conciencia subsidiaria/focal y desde-hacia: The Structure of Consciousness (1965). Subsidiario no es todo fondo o lo inconsciente; tácito no significa inexpresable para siempre.

El ciclo experiencia-juicio es síntesis del autor. No rebautiza la intuición adquirida como a priori kantiano ni convierte la analogía estética en identidad. Diecisiete comparaciones no establecen una doctrina única. La intuición científica exige pruebas; el juicio político, razones públicas.

Suelos, encuentros del puente, gestos y diálogos son invenciones literarias. Las comparaciones y vínculos con SAE son lecturas del autor, no encuentros históricos, citas exactas ni doctrinas idénticas. Un concepto no dicta sentencia definitiva sobre una persona.

Yale — Terry Lectures, 1962–63 · The Tacit Dimension — University of Chicago Press · Michael Polanyi — The Structure of Consciousness (1965) · The Polanyi Society — Primary Resources and Personal Knowledge · SAE — Epistemology (author’s comparative background)

Reescritura española independiente. Fuentes, citas y notas detalladas en la edición china e inglesa。